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Hija del aire

21/02/2009 GMT 1

EN EL REINO DE LAS ANTOLOGÍAS

hijadelaire @ 06:14

UN SALDO POSITIVO EN LA 18 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LA HABANA

La décimo octava edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, si por algo positivo se ha caracterizado en lo que a Cuba se refiere, es por la publicación de la colección de antologías en homenaje al cincuenta aniversario de la Revolución Cubana, y por compilaciones independientes de la misma índole que permiten apreciar de un modo global el comportamiento y desarrollo de la literatura cubana en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI.

Me interesa comentar en esta ocasión las antologías La ínsula fabulante, preparada por el ensayista, crítico y narrador Alberto Garrandés, que ofrece una panorámica del cuento cubano desde 1959 hasta el año 2008; Espacios en la isla, 50 años del cuento femenino en Cuba, obra de la escritora, poeta y periodista Marilyn Bobes; De los poros a las estrellas, con selección, prólogo y notas del editor e investigador doctor Enmanuel Tornés; y la tercera redición de Estatuas de sal, célebre primera antología de narrativa femenina publicada en Cuba y fruto del trabajo conjunto de las narradoras, poetas y ensayistas Mirta Yáñez y Marilyn Bobes.

La ínsula fabulante, de casi mil cuartillas, es un esfuerzo titánico y erudito por edificar un mural del cuento cubano durante medio siglo. Están representadas en ella todas las generaciones que han participado en las letras cubanas a partir del triunfo revolucionario: la generación del sesenta, elegante, experimental y realista a un tiempo, cosmopolita y abierta a todas las corrientes y estilos; la generación de los setenta, con su grado profundo de compromiso ideológico y la sombra del quinquenio gris planeando sobre sus espaldas; la generación de los ochenta, reflexiva, evaluadora, tímida aún e indecisa entre las ataduras del pasado reciente y las aún inexploradas, pero ya presentidas promesas del inminente porvenir; la generación de los noventa, Los Novísimos, abanderados del contubernio con la crónica de actualidad nacional, su iconoclastia, su irreverencia y su desafío tanto temático como estilístico, sus denuncias, su condición de puente entre el período especial y el post aún sin nombre definido que vino después; los posmodernos y su reinserción en la corriente literaria universal, su mirada retornada hacia los espacios interiores del Yo, su asalto a las estructuras convencionales del lenguaje y su penetración desenfrenada en los predios del erotismo, el realismo sucio y otros caminos hasta ahora poco transitados en Cuba; y finalmente, los nombres más jóvenes, las promesas, las crisálidas en estado larvario pero entre quienes ya se van definiendo posturas linguoestilísticas, asedios semánticos y filosofías de la escritura. Desde El gran ebbó, de Guillermo Cabrera Infante, hasta Puré Fiction Days, del joven Jorge Enrique Lage, el camino es largo y muy bien transitado por un antologador que debe a sus muchos años de trabajo como investigador en el Instituto Cubano de Literatura y Lingüística un sólido conocimiento de la literatura nacional y sus exponentes. Ningún nombre de valía falta aquí, ningún estilo, ningún género dentro del cuento y la noveleta, ninguna corriente. Como otra antología del mismo autor que la precedió en el tiempo, Aire de luz, La ínsula fabulante es una compilación de la que puede enorgullecerse el mundo literario cubano. Mi única objeción es que tal vez hubiera sido de mucho desear un prólogo más extenso, como un pequeño ensayo, que siempre torna más sabroso e interesante el enfrentamiento con el corpus lectural.

Espacios en la Isla deviene penúltimo (nunca habrá un último) paso en el quehacer literario de la mujer cubana durante las cinco décadas transcurridas desde el primero de enero de 1959. Loló de la Torriente, Aurora Villar Buceta, Dora Alonso y Loló Soldevilla encabezan la lista de escritoras que en estos años han tomado la pluma para intentar configurar un universo donde señoree la mirada arquetipal femenina, universo con rasgos propios y caracterizables, con códigos configurados de acuerdo con la condición y posición de las mujeres dentro del proceso revolucionario. También en estas páginas se evidencia que las mujeres escritoras han navegado en las mismas aguas que sus colegas masculinos, han practicado el realismo, desde el más púdico al más violentamente sucio, el erotismo en todas sus variantes, la ciencia ficción, la fantasía, el fraude escritural, el policíaco, el gótico, la fantasía heroica. Esta antología contiene nombres que en sus antecesoras Estatuas de sal y Las voces de Eva (compilada por el narrador, ensayista e investigador Amir Vale) ya eran consagrados, y otros que entonces no eran más que debutantes y jóvenes promesas como Ena Lucía Portela, Milene Fernández y Anna Lidia Vega Serova. Hay una diferencia sutil entre el desarrollo seguido por los escritores varones y el de las narradoras: mientras ellos, analizados en conjunto, han mantenido desde sus inicios una condición más o menos estable, es posible apreciar el crecimiento y maduración de sus colegas mujeres. La literatura femenina deja ver más nítidamente sus entresijos, su lenta, pero implacable maduración, y al mismo tiempo la presencia muy perfilada de estilos y universos narrativos sumamente individuales, como el de Mercedes Melo, cuyo dominio en el arte de la superchería literaria y el apócrifo solo encuentra entre nosotros una figura de talla cimera: Luis Rogelio Nogueras. La mayor parte de las escritoras que integran esta antología se encuentran aún en plena etapa de creatividad y sin duda la mejor parte de su obra personal aún está por escribir. Hago notar que faltan en esta antología, que es solo de cuento y noveleta, nombres de gran envergadura en la narrativa nacional, como el de Margarita Mateo Palmer, quien obtuviera el premio Alejo Carpentier de novela 2008 con su deslumbrante Desde los blancos manicomios, una de las novelas más originales y conmovedoras de nuestras letras.

De los poros a las estrellas, treinta y cinco narraciones escritas por hombres y mujeres en torno a la temática del amor en el proceso revolucionario, además de brillar con luz propia en el reino de las antologías, constituye un extraordinario testimonio social sobre la relación entre los sexos que nos llega a través de la fabulación, pero que no por su carácter ficcional resulta menos importante para el estudio, análisis y comprensión de las muchas vertientes desde las que puede abordarse ese sentimiento inmerso en medio de uno de los más largos y convulsos procesos de cambio social conocidos por la Historia contemporánea. Desde la influencia del internacionalismo proletario sobre la convivencia de la pareja (Leonardo Padura, Los límites del amor, pasando por los matrimonios entre cubanos y extranjeros pertenecientes a culturas muy diversas (Manuel García Verdecia, El cosaco y la cubana), erotismo descarnado y prostitución (Rogelio Riverón, Otras versiones del miedo), las transacciones emocionales inducidas por las duras condiciones de vida del período especial (Julio Travieso, Amor a los cincuenta), ensoñaciones y oniria (María Elena Llana, Raíces de humo) hasta llegar a piezas de época (Serata di gala) y relatos tan originales y pintorescos como Bos Taurus (Alberto Guerra), esta antología preparada por Enmanuel Tornés es, quizás, una de las más interesantes y útiles que se hayan publicado en Cuba, pues su alcance y posibilidades sobrepasan con mucho los límites de la escritura recreativa para penetrar en los vastos y complejos territorios de la antropología social, la investigación histórica y otras disciplinas que le confieren un valor no solo literario, sino mucho más enriquecedor, que en un futuro permitirá conocer la época que nos ha tocado vivir en esta Cuba de medio siglo que todos habitamos.

Después de tener a la vista todos estos volúmenes preparados por nuestros mejores y más profesionales antologadores, queda la tranquilidad de saber que, gracias a estas publicaciones, la visión general de la literatura cubana, la mirada global y abarcadora, ha quedado definitivamente recogida. Falta el futuro, pero hasta aquí, verso y pan han sido hechos.

04/02/2009 GMT 1

SARA BERNHARDT VINO A CUBA

hijadelaire @ 23:35

Por Gina Picart

Existe toda una leyenda creada en torno a la visita que la gran actriz europea Sara Bernhardt hizo a Cuba. Sucedió en una época en que la isla era escala casi obligada para las compañías de ballet y de teatro, las grandes orquestas, actores y artistas que recorrían el mundo ya fuera en giras de trabajo o en viajes de placer. Cuba era entonces una de las plazas más frecuentadas por los grandes del mundo del espectáculo.

Sara, nacida el 23 de octubre de 1844 en París, fue hija de una prostituta, se crió en un convento de monjas, ejerció la prostitución ella misma y pese a haber sido una de las más gloriosas figuras del teatro mundial, su camino hasta las tablas estuvo sembrado de obstáculos hasta que se consagró cuando el gran Víctor Hugo la eligió para actuar en sus obras dramáticas Ruy Blas y Hernani. Entre sus amantes se contaron artistas insignes como el propio Victor Hugo, Gustave Doré, Mounet Sully, D Annunzio, y representantes e la más alta aristocracia tales como Eduardo, Príncipe de Gales, el duque de Morny, y el príncipe de Ligne, con quien tuvo a su único hijo.

Sara, cuya madre era de sangre hebrea, renunció al estilo actoral del teatro francés, pródigo en declamación y sobreactuación, para estudiar en profundidad la psicología de sus personajes y ofrecer un estilo mucho más natural, semejante a la vida misma, del que desde un inicio se adueñó con la majestuosidad y seguridad de una gran diva, aunque se dice que jamás perdió el miedo escénico, y cuando subía a los escenarios sufría ataques de pánico que la obligaban a comenzar sus parlamentos con una voz chillona y gestos temblorosos por la nerviosidad, lo que después se iba calmando según iba transcurriendo la representación. Recibió los más altos homenajes y reconocimientos y llegó a ser socio pleno de la Commedie Francaise, honor del que solo disfrutaban los más grandes artistas. Actuó repetidamente en los Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile, Australia, Islas Hawai, Egipto, Turquía, Roma, Atenas, Moscú, Berlin, Bucarest, y cruzó el Cabo de Hornos. En los Estados Unidos le habilitaron para su exclusivo uso un tren de lujo con siete vagones al que llamaron Sara Bernhardt Special. Sara fue también la primera actriz-empresaria del mundo; rentó en París el teatro Porte-Saint Martin y allí produjo y actuó en obras tan célebres como La dama de las camelias. Se dice que nadie como ella sabía “morir” en escena de las más variadas patología de sus heroínas. También retomó la vieja tradición y actuó muchas veces en roles masculinos muy destacados. Llegó a representar el papel de Hanlet y el de Ofelia, hazaña que nadie ha vuelto a repetir. Era una mujer apasionada, temperamental, y voluble para todo lo que no fuera su arte. Una verdadera reina de las tablas universales. Las malas lenguas afirmaban que dormía dentro de un ataúd, se hacía acompañar de un pequeño tigre como mascota y azotaba a sus sirvientas y rivales, desayunaba té con algunas gotas de azahar y declamaba los versos de Hernani como si se burlara del público.

CUBA

La Divina, como la llamaban, debutó en el teatro Tacón el 10 de enero de 1887. El contrato comprendía doce funciones. Los palcos se cotizaron a quinientos pesos billete de banco y los grillés se elevaron a seiscientos pesos. Entre su repertorio se encontraban La dama de las camelias, Fedora, Adriana Lecouvreur, Hernani, La esfinge y otras obras de los grandes clásicos. Hubo edición bilingüe de los libretos, en español y en inglés. Se alojó en el hotel francés Petit, de la Chorrera, junto con su enorme gato montés (que no tigre) comprado en Valparaíso. Parece que en sus ratos libres se dedicaba a remar y pescar en las aguas aledañas, amén de ciertos acercamientos demasiado íntimos con chinos y mulatos.

Es de suponer que en una capital tan rica y provinciana como La Habana, cuya disposición para la mímesis todavía se mantiene en pie, la presencia de La Divina haya revolucionado la moda y acaparado toda la atención del entorno. Por lo menos las damas del momento comenzaron a llevar peinetas a la Bernhardt y todos los periódicos y los más grandes cronistas y críticos teatrales habaneros derramaron su adoración sobre ella.

El momento culminante de sus actuaciones fue la escena de la muerte en La dama de las camelias. La actriz estuvo magistral en su agonía. El Union Club de La Habana le obsequió un paisaje de Chartrand. Tal vez para reciprocar, en su última representación habanera Sara rebajó a la mitad los precios para que los cubanos menos adinerados pudieran aplaudir a la actriz más famosa que había pasado por la isla.

Rine Leal dice textualmente en su libro sobre el teatro cubano La selva oscura: “El Círculo habanero preparó una despedida monstruo, con sesenta carruajes, que la recibirían a su regreso (de Matanzas) a su llegada por mar de La Chorrera, para conducirla triunfalmente hasta La Punta, donde se sumarían los estudiantes en impresionante comitiva hasta el Tacón, y que iban portando hachones. El teatro, totalmente iluminado y con dos luces eléctricas en su puerta, acogería a la actriz en un palco guarnecido con flores, guirnaldas y atributos de la tragedia, mientras en el escenario estatuas y cuadros alusivos recordarían que se trataba de una velada artística”. Habría discursos en francés de Justo de Lara y Antonio Zambrano, e Ignacio Cervantes sería el encargado de ofrecer una velada musical.

Pero Sara, imprevisible como todas las divas, no acudió a su apoteosis habanera. Prefirió irse a visitar las muy hermosas cuevas de Bellamar, y a su regreso a la ciudad se fue con su amante, el torero Mazzantini, a una corrida de toros privada donde debió de divertirse muchísimo. Cuando por fin abandonó la isla llevaba en su faltriquera, diseñada como todas sus ropas, adornos y joyas, por el célebre Mucha, nada menos que 200 904 francos, o sea, 92 014 pesos. El diario El Fígaro comentaba el hecho con resignado humor: “ Sara Bernhardt ha sido un saca-oros que ha cruzado por nuestro cielo. No siempre han de ser mete-oros los que crucen por el espacio.”

Fue tal vez el impertinente bostezo de un espectador lanzado al descuido durante la escena de la muerte en La dama de las camelias lo que provocó el insulto por el que los cubanos jamás olvidaron a La Divina. Indios con levita nos llamó, sin importarle los esfuerzos desplegados para adorarla durante su estancia en la ciudad. Se sabe, por declaraciones que la actriz hizo a un diario norteamericano, que no le había gustado La Habana, y estaba convencida de que el público habanero no supo apreciar su arte, porque se volvía espaldas al escenario, hablaba en voz alta durante la representación y se introducía en los escenarios en el entreacto, lo cual, después de todo, era una antigua costumbre española que el cubano se limitó a heredar. La Divina no conocía la crónica agitación del temperamento criollo.

Sobre la posible aclaración del insulto, Rine Leal afirma en su ya mencionado libro, citando el testimonio del célebre periodista y cronista Eduardo Robreño, que Sara, en una entrevista concedida en Madrid a su padre, el también periodista Gustavo Robreño, negó muy seria haber proferido la ominosa frase, inventada, según ella juró, por el periodista Gustavo Gabaldá, quien se la atribuyó a La Divina con aviesas intenciones. Sara reconoció habernos endilgado el calificativo de indios, “¡pero con levita jamás!”.

La vida de Sara continuó de éxito en éxito por los caminos del mundo. En 1914 le fue concedida la Legión de Honor y un año después sufriría la amputación e una pierna, lo cual no le impidió, recién comenzada la Primera Guerra Mundial, hacer una gira por las trincheras francesas actuando para animar a las tropas. También siguió trabajando en el teatro, hasta que el 15 de marzo de 1923 se desmayó en escena, y once días después falleció en brazos de su hijo Mauricio. Tras un entierro multitudinario donde ciento cincuenta mil personas acudieron a despedirla, sus restos fueron depositados en París, en el cementerio Pére-Lachaise.

Sara actuó como mecenas de varios artistas, entre ellos Mucha, y fue hasta su muerte una mujer consecuente con el arte, la pasión de su vida, mostrándose en todo momento como una profesional inteligente, acuciosa y responsable. También se definió políticamente al prestar su apoyo público e irrestricto al escritor Emile Zola en su defensa del caso Dreyfus, y sumar su voz al coro justiciero que proclamó la inocencia del capitán francés condenado injustamente como parte de un complot antijudío, el cual era ya el anuncio de días más sangrientos que vendrían con la Segunda Guerra Mundial.

Veleidosa, sí, como toda gran artista, pero coherente en su carácter como pocos individuos saben serlo, no queda a los cubanos más que deplorar que se haya sentido poco apreciada en nuestra tierra. Esa sensación, y el insulto que nos dejó de regalo, cree esta cronista que habría que archivarlos piadosamente en la gaveta de los malos entendidos causados por la sombra del Otro, siempre erguido en la historia de la cultura de todos los tiempos y, como diría un cuentista cubano, trastocándolo todo.

22/10/2008 GMT 1

EL PRIMER PERIÓDICO CUBANO

hijadelaire @ 14:26


Alguien ha dicho que una nación no empieza realmente a serlo hasta que tiene su primer periódico. De ser cierto, la nacionalidad cubana habría nacido justamente el 20 de 0ctubre de 1790, cuando los habitantes de la capital leyeron por primera vez las hojas, olorosas a tinta fresca de imprenta, del primer número de El papel periódico de La Habana, diario inaugural del periodismo cubano.

En rigor este no fue el primer “periódico” que existió en la isla. No fue la primera muestra de prensa escrita. Le había precedido La Gazeta, diario oficial y semanal, fundado en 1764 por el Capitán General conde de Ricla, e impreso en la imprenta de la Capitanía General. Este diario eran, en realidad, hojas sueltas, aunque no exactamente volantes. La Gazeta duró más o menos lo que el mandato de Ricla, aproximadamente hasta 1765.

Por esos años, nació El Pensador, periódico "ilustrado", del cual no sobrevivió ningún ejemplar o no ha sido hallado, pero cuya existencia cita Jacobo de la Pezuela, y respaldan otros estudiosos del periodismo cubano. Se cree que sus fundadores fueron uno de los primeros historiadores de Cuba y el primer Conde de Jaruco. El 8 de noviembre de 1772 vio la luz la Gazeta de La Havana, último antecesor de El papel periódico de La Habana.

UN POCO DE HISTORIA

Sin embargo, si se comparan fechas y datos sobre la aparición del periodismo en Europa y América, no queda más remedio que admitir que el nacimiento de nuestro periodismo anduvo algo retrasado.

Se admite generalmente que la primera forma de comunicación social periódica apareció en Roma, y consistió en las llamadas Actas del Pueblo, hojas con informaciones de actualidad que eran pegadas sobre los muros del palacio imperial o en las paredes del Foro. Julio César, por los años cincuenta antes de Cristo, hizo circular las suyas propias para divulgar sus victorias militares.

En la Edad Media surgieron los mercaderes de noticias que redactaban los Avisos, también llamados folios a mano. Consistían en cuatro páginas manuscritas sin título ni firma, con la fecha y el nombre de la ciudad en que se redactaban. Se vendían en los puertos y ofrecían informaciones del mediterráneo oriental (en especial sobre las cruzadas), recogidas de relatos de marineros y peregrinos. Estos avisos tuvieron un gran éxito y enseguida fueron censurados por las autoridades de toda Europa y convertidos en propiedad oficial de las ciudades.

También nacieron en torno a los puertos los Price-courrents que informaban sobre los precios de las mercancías en el mercado internacional, los horarios de los barcos, etc. Se dice que fueron muy famosos los que divulgaban testos de Colón contando el descubrimiento de América.

En el Renacimiento el precio de estas hojas se pagaba en una moneda llamada gazzetta, que dio su nombre a las primeras formas del periodismo. Las gacetas eran un magnífico ejemplo de noticierismo manuscrito, que se vendían en las plazas o circulaban a través del correo regular, hasta que la invención de la imprenta propició su enorme multiplicación y fácil difusión.

En el siglo XVI se siguen publicando avisos, ocasionales, relaciones...y aparece un nuevo tipo de publicación, los Canards, con contenidos de interés más popular, que trataban temas sensacionalistas como apariciones de, monstruos, milagros y otros hechos fantásticos que solían terminar con explicaciones de índole religiosa acordes con la mentalidad cultural de la época. Las Relaciones eran publicaciones de periodicidad semestral, coincidían con las dos ferias anuales de editoriales y libreros, que tenían lugar en la ciudad de Frankfort. Recogían los principales acontecimientos ocurridos en Europa durante los seis meses que separaban una feria de otra. Las primeras gacetas con periodicidad semanal fueron publicadas en Venecia, y a partir de 1619 pasaron, de manos de editores privados, a ser instrumentos oficiales de las monarquías.

Las gacetas más famosas fueron las francesas: La Gazette, Le Journal des Savants, y Le Mercure Galan, todas ellas pertenecientes al siglo XVII., y tuvieron gran influencia en España, que publicó su primera gaceta en1661.El primer periódico diario, el Daily Courrant, nació en Inglaterra en el siglo XVIII. México imprime su primera hoja, El mercurio volante, en 1693, ya con noticias científicas y culturales.

EL PAPEL PERIÓDICO DE LA HABANA

La publicación tuvo una primera etapa, transcurrida bajo los auspicios de sus fundadores. En la primera plana del número inicial apareció una especie de programa o proyecto informativo concebido para el diario en cuestión:

"En las ciudades populosas son de muy grande utilidad los papeles públicos en que se anuncia a los vecinos cuánto ha de hacerse en la semana referente a sus intereses ó a sus diversiones. La Habana, cuya población es ya tan considerable echa de menos uno de esos papeles que dé al público noticia del precio de las ofertas comestibles y de los bastimentos, de las cosas que algunas personan quieran vender o comprar, de los espectáculos, de las obras nuevas de toda clase, de las embarcaciones que han entrado, ó han de salir, en una palabra de: todo aquello que puede contribuir a las comodidades de la vida". (..) "A imitación de otros que se publican en Europa, comenzarán también nuestros papeles con algunos retazos de literatura, que procuraremos escoger con el mayor esmero".

En su segunda etapa, El papel periódico de La Habana pasó a ser el órgano de la Sociedad Cubana de Amigos del País, que nucleaba entre su membresía a las inteligencias más liberales de la isla. Bajo su dirección el periódico se enfocó en temas de la agricultura, el comercio, los nuevos conocimientos científicos naturales en la química, la botánica y su aplicación a la economía, pero manteniendo siempre su interés en la cultura y el pensamiento.

En sus páginas escribieron figuras tan prestigiosas como Tomás Romay, el padre Caballero, Francisco de Arango Y Parreño, Buenaventura Pascual Ferrer y otros muchos, ocultos en ocasiones tras un seudónimo.

Los lectores fundamentales de nuestro primer periódico fueron, sin duda, la burguesía esclavista habanera y, dentro de ella, en el grupo más encumbrado, los nobles beneficiados con títulos de Castilla, criollos o peninsulares, ligados con el desarrollo económico-social del Departamento occidental de la colonia caribeña. El resto de la población, compuesta de esclavos, libertos, artesanos y campesinos, era iletrada. En sus mejores tiempos El papel… solo alcanzó una suscripción de 126 miembros fijos.

Los gobiernos bajo cuyo mandato apareció el periodismo en Cuba eran todos de corte iluminista, y fueron los que introdujeron esas ideas nuevas en la isla, en franco contraste con la tendencia escolástica que reinaba entonces en el clima intelectual de la colonia. Este detalle resulta sumamente interesante a la hora de analizar el papel que desempeñó nuestra primera publicación periódica en la colosal reforma de la educación que pronto iba a tener lugar en la isla, donde ya los ricos hacendados azucareros comenzaban a demandar nuevos enfoques del pensamiento más acordes con el desarrollo de sus intereses económicos.

El papel… criticó duramente las instituciones educacionales existentes, enquistadas en los viejos esquemas mentales del escolasticismo, y demostró la necesidad de una reforma capita en los métodos de enseñanza, lo cual ya había comenzado a tener lugar en el continente americano. Ello demuestra que la isla se encontraba retrasada en relación a las otras colonias españolas de tierra firme.

Cupo a El papel… la tarea, honrosísima por demás, de despertar la curiosidad de la juventud hacia los nuevos nombres y las nuevas tendencias, científicas, intelectuales y filosóficas de la época, poniendo a Cuba en la misma frecuencia en que vibraba ya la nueva mentalidad del mundo.

REFLEJOS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO EN EL PRIMER PERIÓDICO CUBANO

Por entonces los hacendados de la isla se encontraban muy lejos de las corrientes de pensamiento político más radicales que con el tiempo hicieron su aparición entre las clases dominantes de Cuba. Los grandes hacendados y comerciantes criollos practicaban un reformismo moderado que aún descansaba en la más estrecha unidad con España.

Es fácil reconocer las opiniones, deseos e intenciones de los poderosos hacendados congregados en la Sociedad Económica de Amigos del País en las siguientes palabras aparecidas en uno de los números de la publicación habanera:

«Entonces clamarían los ingenios pidiendo se tratase hacer más pingües sus cosechas y económicas sus atenciones. Entonces esas tierras eriales convidarían con su fertilidad para admitir en su seno el algodón, el tabaco, el café y el añil. Se examinarían cuáles eran los mejores medios de adelantar el cultivo de estas producciones, guiadas hasta aquí, sin más conocimientos que los adquiridos por sus abuelos, sin que se haya pensado adelantar cosa alguna en estos ramos».

La expresión abierta y pública de semejantes intereses no podía por menos que acicatear a los hacendados más lentos y conservadores, induciéndolos a tomar conciencia de que la asunción de nuevas posiciones ideológicas, aún cuando fueran contrarias a las esgrimidas por la Metrópoli, era necesaria y ya impostergable para la clase social que encabezaba a la mayor de las Antillas.

CONTRA NATURA...

Curiosamente fue El papel periódico de La Habana un órgano desde cuyas páginas se tomó posición, conjuntamente con los listines de ventas de esclavos, sobre fenómenos sociales tales como la homosexualidad de hombres y de mujeres. Fue esta publicación la que ofreció la primicia de la historia sobre el escandaloso descubrimiento de la verdadera identidad sexual de la ciudadana suiza Enriqueta Fabré, radicada en Cuba, quien ejerció la carrera de medicina disfrazada de hombre y terminó casando con una de sus pacientes, hasta que la misma la denunció a la justicia.

Otras muchas cosas pueden decirse de nuestro primer periódico, pero el espacio impide extenderse más. Valga consignar aquí que El papel… no fue un mero instrumento informativo, sino que cumplió desde su primer número con uno de los más sagrados requerimientos del ejercicio del periodismo: ayudar a la orientación y formación del pensamiento de toda la sociedad y acelerar su desarrollo.

13/10/2008 GMT 1

OTRO PARA ALFONSO SOBRE LAS HIJAS DE CRENAM

hijadelaire @ 17:11

Olvidé decirte que yo no soy experta en el celtismo de la España prerromana ni en la Galia, sino en las Islas, Irlanda e Inglaterra (bueno, tampoco experta, solo he investigado todo cuanto he podido desde La Habana, que no es mucho). Pero he leído algunos artículos muy interesantes sobre Hispania prerromana en un sitio llamado celtiberia.net, donde publican intelectuales muy serios, profesores, investigadores, historiadores, antropólogos, y la prerromanidad española me atrae mucho. Te recomiendo, por si no lo conocieras, ese sitio de Celtiberia; es magnífico y tal vez encuentres en su Biblioteca algo que resulte de tu interés. Tienen un foro, pero no sé qué pasa con él desde hace un tiempo, parece que lo han cerrado. Ve allí, te será muy agradable.
Saludos para ti.

PARA BENIGNO

hijadelaire @ 16:56

Botella al mar: ¿por qué el silencio?

A CHRISTIAN HEILER

hijadelaire @ 16:54

Usted no es el empresario mexicano que aparece en Internet con ese mismo nombre, y no despíerta mi curiosidad con su misteriosa identidad ni con su extraño lenguaje poético. Por principio, no me agrada el anonimato. Si realmente quiere comunicarse conmigo, quítese la máscara. No entraré en ese juego.

SOBRE EL BLOG DE LAS HIJAS DE CRENAM

hijadelaire @ 16:48

Estuve leyendo el texto que me fue recomendado en esta dirección: http://lashijasdecrenam.blogspot.com/. Como se me pide mi opinión, la doy con toda modestia. Me parece un texto con potencial narrativo, tiene un ritmo dinámico y también suspense. Si se tratara de ofrecer alguna sugerencia, yo diría que convendría revisar la figura del personaje malo, el jefe de los guerreros, porque está presentado sin matices. Y en general, sería conveniente hacer un trabajo de edición que enriqueciera la narración. Pero lo leí en su totalidad y no me aburrió ni me cansó, y eso es una señal a favor del autor. Bueno espero con esto haber satisfecho la petición de opinión. Doy las gracias a la persona que me honró con su confianza en mi juicio.

12/09/2008 GMT 1

EL MISTERIOSO LIBRO CUBANO QUE VALE MÁS QUE UNA JOYA

hijadelaire @ 13:13

La Biblioteca Nacional José Martí atesora entre sus fondos bibliográficos verdaderas joyas como La Tarifa de Precios de Medicinas, impresa en 1723 y considerada el folleto cubano más antiguo; la Descripción de diferentes piezas de historia natural, o Libro de los peces, como se le conoce vulgarmente, que data de 1787, primer libro cubano ilustrado y otras piezas de enorme valor. Pero serían un joven advenedizo dominicano, de profesión médico, y un artista francés que vino a la Gran Antilla huyendo de las secuelas de La Bastilla, quienes unirían esfuerzos para dar a la isla su libro más valioso: en 1857 el doctor Justo Germán Cantero y el grabador Eduardo Laplante dieron a la imprenta el más famoso y codiciado de los libros impresos en Cuba: El libro de los ingenios.

Las planchas litográficas de Laplante constituyen hoy día verdaderas piezas de coleccionista que se venden y compran a precios de oro. Se dice que no existen más que unos cinco o seis juegos de ellas en todo el planeta, y ya Tomas Ely, investigador norteamericano que trabajó largamente en la isla buscando información para su libro Cuando reinaba Su Majestad el Azúcar, tuvo la suerte de poder ver y tocar uno de ellos allá por los años cincuenta, cuando accedió a mostrárselo su propietario, un multimillonario cubano cuyo nombre Ely no menciona, pero de quien cuenta que guardaba aquel tesoro en una caja fuerte de acero.

Muchos son los artistas plásticos y especialistas de todas las épocas que se han manifestado con gran entusiasmo estético sobre la calidad de estos grabados, considerados entre los más antiguos y de mejor calidad de los realizados en el país, pero lo cierto es que, por mucho que tal calidad deba al talento personal de Laplante, este no encontró a su llegada a nuestra tierra un vacío donde plantar su arte como bandera de fundador, sino que halló una tradición de grabado ya rica y desarrollada, en la que él se limitó a insertarse y, pensamos, fue influido por ella, lo mismo que por el entorno y las características del paisaje cubano.

Las primeras tallas xilográficas conocidas en nuestro país datan del siglo XVIII; se trata de la calcografía, y la técnica más utilizada dentro de este género fue la talla dulce con uso del buril. El primer impresor conocido en La Habana fue Carlos Havré, de origen flamenco, cuyo taller funcionó hasta 1727, aunque principalmente este pionero se dedicó a la impresión.

Pero no será hasta el siguiente siglo cuando el grabado cubano encuentre en la floreciente industria tabaquera su mejor vehículo de expresión. Los mejores artistas grabadores nacionales y extranjeros trabajan en el diseño de vitelas que son auténticas obras de arte. En 1807 comienza con Hipólito Garneray la llegada de una auténtica ola de artistas exiliados que huyendo de Napoleón recalaban en nuestras playas y se quedaban, seducidos por la belleza del paisaje y la intensidad de la luz. Garneray da inicio al movimiento más importante del grabado cubano.

Se dice que en estas primeras oleadas de recién llegados no venían artistas de primera fila, pero es incuestionable que sí lo hicieron muy buenos dibujantes y litógrafos, técnica muy moderna por entonces. Lo cierto es que una vez en tierra cubana la inspiración los fue ganando y comenzaron a crear sus obras basándose en los muy variados tipos humanos que veían a su alrededor, así como en la vegetación y arquitectura de la isla. Sus grabados constituyen una extensa muestra documental de la época, lo cual, además de sus bellezas plásticas, los hace de gran valor histórico. Ejemplo de ello fueron las vistas de La Habana realizadas por Federico Mihale, litografiadas por Luis Marquier, y que pueden hallarse en el conocido Álbum de la Isla de Cuba. Los trabajos de Mihale se caracterizan por su temática preferentemente costumbrista, su profundo dominio del dibujo académico y del claroscuro.

Otro terreno donde el grabado dejó hermosísimas creaciones fue el militar, ya que siendo Cuba plaza de especial interés para la Corona española no sólo por sí misma, sino por su condición de antemural de Las Indias Occidentales, fue casi desde los comienzos de su colonización tierra fortificada. Y entre todos los grabados de castillos y plazas realizados se distinguen las vistas de la Plaza del Mercado y la iglesia de San Francisco de Asís, dibujadas por el ingeniero militar Elías Durnfort y editadas en Londres por Edward Rooker, verdaderas joyas de nuestro patrimonio plástico nacional.

El grabado a color llega Cuba en la segunda mitad del siglo XIX, y El libro de los ingenios es la mejor muestra que ha sobrevivido de los grabados coloreados de la primera época de esta técnica.
La existencia de este libro se debe en buena parte a un crimen, por lo que podría decirse que a las bellas tintas que sus litografías que arrancaron encendidas palabras de elogio José Martí, habría que agregar el bermellón de la sangre.

Se cuenta que Justo Germán Cantero era un médico joven que llegó a Cuba procedente de Santo Domingo, de donde venía huyendo de alguna culpa de la que no ha quedado clara memoria. Una vez radicado en Trinidad comenzó a ejercer su ciencia. Gracias al carisma de su personalidad no tardó en formar parte del círculo de íntimos de don Pedro Iznaga, quien junto con Borrell, conde de Guáimaro, y el inglés William Baker, formaba el trío de las mayores fortunas de la florecientísima villa de Trinidad.

La familia Iznaga tenía fama antigua de excéntrica y rara. Abundaban en ella los especimenes con su leyenda personal, como el caso de aquel Iznaga obeso de quien se cuenta gustaba hacerse servir el almuerzo en la azotea de su casa, a donde subía enteramente desnudo para disfrutar de las brisas refrescantes en compañía de sus esclavas, también en cueros vivos, las cuales le servían los manjares y bailaban y cantaban para su solaz y esparcimiento; o el propio don Pedro, famoso en toda la isla por haber excavado un pozo muy profundo para competir por el amor de una muchacha con su hermano Alejo, quien, con tal fin construyó la famosa torre Iznaga que domina el Valle de los Ingenios.

El anciano don Pedro, enfermo e inválido, se dejó ganar por la simpatía que le demostraba el joven doctor dominicano, y le abrió las puertas de su casa y su confianza. La esposa de don Pedro, mucho más joven que su marido, aunque mayor que Cantero, se enamoró de este locamente y se entregó a él. La pareja culpable concibió el plan de eliminar al molesto esposo para vivir plenamente su amor y disfrutar en igual condición la inmensa fortuna, en la que, entre otras propiedades, iban incluidos más de diez ingenios azucareros. Cuenta la leyenda que durante uno de sus acostumbrados ataques, don Pedro bebió una pócima que le administró Cantero y pasó al otro mundo sin sospechar que era víctima de un asesinato en toda la regla. El médico y la viuda dejaron pasar unos meses y contrajeron matrimonio en medio de una villa que hervía de rumores y cóleras soterradas, pero en la que nadie se atrevió a levantar un dedo acusatorio contra los criminales. Por si fuera poco, en Madrid Cantero fue nombrado Gentilhombre de Cámara de Su Majestad el Rey de España.

Con semejante espaldarazo dado por la Corona misma, Cantero se hayó en posesión de una riqueza que aún hoy día no se ha podido calcular en toda su extensión. Como era hombre amable e ilustrado y de carácter alegre y amistoso, no tardó en rodearse de toda la sociedad trinitaria. Comenzó a redactar sus descripciones minuciosas de todos los ingenios de la isla aún antes de haber entrado en tratos con Laplante. Cuando ambos hombres se encontraron, ocurrió uno de esos sucesos humanos e históricos que parecen no tener otro objetivo que el de dar un don a la Humanidad. Cantero financió el recorrido de Laplante desde el Mariel a Trinidad, para que el artista pudiera copiar del natural el material paisajístico necesario al común propósito. Esto fue y continúa siendo El libro de los ingenios.

Desafortunadamente en nuestro país resulta muy difícil consultar este maravilloso texto, debido a que sólo existen dos ejemplares para uso de los especialistas y, desde luego, están protegidos por regulaciones destinadas a salvaguardar su integridad física y su conservación. Sin embargo, el doctor Leví Marrero publicó antes de su muerte una antología que incluye la casi totalidad de las bellísimas láminas dibujadas litografiadas por Laplante, y un resumen hecho por él de los textos descriptivos de Cantero. Esta edición es, en realidad, una separata del volumen X de Cuba: economía y sociedad, de la autoría del propio investigador.

Vale decir que en esta historia, a mal principio hubo buen fin, pues sin la ambición de un joven inmigrante y la alevosa muerte de un riquísimo hacendado cubano no existiría hoy la mayor joya bibliográfica de Cuba.

08/09/2008 GMT 1

Manuel García, el bandido que reinó en los campos de Cuba

hijadelaire @ 18:31

Manuel García Ponce, más conocido como el Rey de los campos de Cuba, nació el 1 de febrero de 1851 y tuvo una existencia dramática y casi legendaria. Algunos lo califican como bandolero y otros como un hombre que murió como patriota e independentista, gracias a una evolución ideológica que duró largos años de su vida y la hizo cambiar completamente.

Manuel García vino al mundo en Alacranes, provincia de Matanzas, pero su familia se trasladó a Quivicán en los años 70. Él se identificaba a sí mismo como Rey de los campos y cacique de toda la isla de Cuba. Se atribuyó carácter de separatista, mantuvo correspondencia con los revolucionarios de Cuba y de Cayo Hueso, y se dice que el dinero que obtenía de los secuestros que realizaba lo asignaba a la compra de armas y municiones para la revolución y a ayudar a los campesinos.

En una investigación histórica realizada a lo largo de varios años por los periodistas Jorge Petinaud y Raúl Rodríguez, se afirma que los servicios de inteligencia y contrainteligencia españoles fueron los primeros en endilgar a Manuel García el calificativo de bandolero, bandido y malhechor, y que luego, repitiendo superficialmente cada calumnia, escritores y periodistas de distintas generaciones contribuyeron a dar una imagen deformada de este personaje tan pintoresco de la historia de Cuba.

En 1876 Manuel García sirvió de guía en San Felipe a una expedición enviada desde Cayo Hueso por Francisco Vicente Aguilera, aunque según afirman los investigadores anteriormente citados, no se puede asegurar que haya actuado entonces movido por profundas concepciones políticas e ideológicas, como se sabe que sí lo hizo a partir del año siguiente.

A finales de esa década fue a prisión tras un altercado con un acalde que le faltó el respeto a su esposa. Tiempo después sorprendió a su padrastro golpeando a su madre, y le asestó al agresor un machetazo que lo dejó tendido, pero no muerto como se ha asegurado en otras versiones.
Para no volver a la cárcel huyó al monte, donde se vio involucrado en hechos delictivos al vincularse a un tal Cristóbal Días, quien se dedicaba a actividades ilícitas.

En 1885 viajó a Estados Unidos, donde trabajó en Cayo Hueso en una tabaquería. Allí entró en contacto con veteranos independentistas. En 1887 llegó en balandro Delphine a Puerto Escondido, al nordeste de La Habana, integrando un destacamento formado por cuatro personas, a cuyo frente Manuel quedó al morir en combate contra los españoles el capitán del Ejército Libertador que iba al frente del grupo.

Manuel García no solo viajó a Cuba en una expedición posterior a la Guerra Chiquita, sino que entre 1887 y 1895 mantuvo en pie el espíritu independentista y no dio tregua a un contingente de soldados españoles que lo perseguían por las provincias occidentales y en Las Villas, y cumplió la misión de mantener en jaque a las tropas coloniales, destruir propiedades enemigas y recaudar fondos para la lucha. José Martí en una ocasión rechazó ocho mil pesos que le envió García, y que eran producto de un rescate cobrado por causa de un secuestro. Manuel García pidió a Martí que aceptara su donativo para la causa, pero el Apóstol aclaró a Juan Gualberto Gómez, quien actuaba como intermediario en dicha transacción, que se dijera al remitente que no tomara la negativa como un desaire, pero que la Revolución no se solidarizaba con su vida anterior, y agregó que si la guerra revolucionaria estallaba, ya tendría el señor García oportunidad de mostrar sus condiciones de patriota. Martí actuó de esta manera porque siempre veló con celo sumo por la pureza de la Revolución, pero también porque deseaba acicatear a Manuel García —cuyos valores reconocía con su habitual ojo sabio— a cambiar su forma de vivir y convertirse en un hombre de pro, ya que en aquellos momentos precisamente García era objeto de una campaña sistemática en su contra a través de los medios de difusión del gobierno español colonial.

En realidad, a Manuel García se le consideraba entre los emigrados cubanos de los Estados Unidos como un rebelde contra la autoridad de España.

De él escribió José Manuel Carbonell en el Diario de La Marina:

Conocía el monte como su propia casa, y entre los sencillos habitantes del campo tenía amigos, confidentes y encubridores que lo orientaban y mantenían enterado de los movimientos de sus perseguidores. Fue admirado y querido por cuantos de cerca le trataron. Bajo la capa del malhechor, lanzado en la vorágine del mal por circunstancias imprevistas, palpitaba el corazón de un patriota que soñaba con la redención de su tierra. Porque Manuel García —hay que decirlo por la verdad de la Historia— fue un bandolero patriota que cometió desafueros por las necesidades mismas de du oficio, pero que repartía el bien a manos llenas con el producto de sus ilícitas aventuras, y pensaba en la patria, a la que quiso ayudar y ayudó con su dinero y con su persona, y a la que ofrendó su vida (…).

Manuel García murió el 24 de febrero de 1895, en el pueblo de Ceiba Mocha, Matanzas, al parecer asesinado, cuando con grados de comandante del Ejército Libertador acudía al frente de sus hombres a unirse a los patriotas matanceros alzados ese día.

29/08/2008 GMT 1

lOS CUBANOS, PIONEROS APICULTORES DEL NUEVO MUNDO

hijadelaire @ 02:13

Los cubanos, incluso si somos nativos de ciudades, estamos acostumbrados a ver abejas, a consumir miel, comer un trozo de panal, encender una vela y hasta a que nos piquen cuando andamos desprevenidos entre las flores, pero lo que muy pocos sabemos es que cuando los españoles pisaron nuestras costas por primera vez, los indígenas de esta isla nunca habían visto una abeja y desconocían todos los productos que de ellas se derivan.
Fueron precisamente los colonizadores, necesitados de la cera para confeccionar velas de alumbrado, quienes desde los comienzos de su instalación en estas tierras se preocuparon por introducir abejas en sus nuevas colonias de Cuba, Puerto Rico y Jamaica.
Pero no fue hasta después de la toma de La Habana por los ingleses que las autoridades españolas lograron traer los primeros ejemplares procedentes de la Florida, lo que sucedió en el año1763. Seis años después, consta por las obras de cronistas y funcionarios que todavía no existían abejas europeas en México ni en las otras colonias españolas de la región. Para disfrutar de las bondades del insecto, Centro y Sur América tuvieron que esperar la llegada del siglo XIX, siendo las tierras mayas de Yucatán las últimas en beneficiarse, tan tarde como en ¡1911! Se supone que tal demora en propagar la cría de abejas europeas productoras de miel se haya debido a que en esos países los colonizadores encontraron una especie nativa sin aguijón que producía cera y miel en abundancia, pero que en la medida en que los virreynatos iban creciendo ya no fue suficiente para su abastecimiento..
Para los cubanos de nuestra época, tan familiarizados con las virtudes de la miel, resulta raro oír que en aquellos lejanos tiempos en los que se desconocía la electricidad, la producción de miel era mucho menos importante que la de cera, que se utilizaba para el alumbrado y los usos que imponían los oficios religiosos de la Iglesia católica.
La primera exportación cubana de productos de la colmena ocurrió en 1770 y consistió en veinticinco arrobas de cera embarcadas con destino al puerto mexicano de Veracruz, lo que permite suponer que en el virreynato de México, en perpetuo crecimiento demográfico, empezaba a aumentar la demanda de ese producto. Según el sabio alemán Alexander Humboldt, que tantos conocimientos importantes divulgó sobre el Nuevo Mundo, todavía en el siglo XIX México dependía del comercio de cera con la isla de Cuba.
La primacía de Cuba en cuanto a la introducción de la apicultura tuvo, entre otros resultados, el de convertir a la isla en el primer país del continente donde se desarrolló esa industria y se publicó literatura al respecto. Las autoridades supremas de la isla e instituciones comerciales interesadas en el incremento de la apicultura nacional, emitieron ordenanzas para estimular la investigación y adquisición de nuevas técnicas en la cría de abejas melíferas, y publicaron en El Papel Periódico de La Habana la convocatoria para un concurso sobre apicultura que concedería trescientos pesos duros al autor de la obra ganadora.
Entre un total de nueve obras presentadas, el jurado premió la escrita por el señr Eugenio de la Plaza y otorgó un accésit a la del científico Tomás Romay. Las dos obras fueron presentadas en forma de memoria. La de Eugenio de la Plaza mostraba grandes conocimientos en la cría y manejo de las colmenas y su adaptación a las condiciones climatológicas de Cuba, mientras que la de Romay consistía en una investigación hecha entre cosecheros y comerciantes sobre los modos más aconsejables de fomentar e impulsar el desarrollo de la apicultura. La obra de De la Plaza fue publicada por el célebre impresor Esteban Boloña, y la de Romay por la Sociedad Económica de Amigos del País.
Sin embargo, parece ser que a pesar de no haber logrado conquistar el codiciado primer lugar en el concurso, es la memoria de Romay la más interesante para la historia de la apicultura cubana, por los datos que aportó acerca de la mejor ubicación de las colmenas, de otras especies depredadoras de las abejas, de técnicas de captura de enjambres y de procesamiento de los productos como la miel y la cera.
Es interesante destacar que el ganador, Eugenio de la Plaza, tenía conocimientos prácticos de apicultura, mientras que el doctor Tomás Romay carecía de ellos y parece que basó la elaboración de su obra en encuestas e investigaciones que llevó a cabo entre personal especializado, lo que denota la aplicación de métodos bastante modernos de acercamiento a una disciplina, y constituye una prueba más de su indudable genio científico e intelectual.

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